Solidarte

“Poderoso” era un hombre que de tan respetado ningún hombre de la región se atrevía a trabar amistad ni defectos con él. De nada servían su belleza, sabiduría y muchos otros dones que le caracterizaban, seguía siendo un ser solitario, aislado y triste. Una mañana, decidió que ya no podía seguir así y se dirigió hacia un lejano valle que tenía fama de tener una vertiente que llenaba de alegría a quienes bebían de ella. Justo cuando estaba por llegar al mágico lugar y teniéndolo ante sus ojos, una luz más deslumbrante que el sol surgió del agua y le envolvió, dejándolo totalmente ciego.

Lloraba y lamentaba su suerte “Poderoso”, hasta que de repente la dulce voz de una mujer que le invitaba a serenarse le sorprendió. Acto seguido ella tomó un poco de tierra y mezclándola con el agua de la vertiente formó un barro que untó sobre los ojos del forastero ciego. “Poderoso” los abrió entonces y se encontró con la mirada dulce  y clara de la joven que le había ayudado; era una aldeana llamada “Vulnerabilidad”. Su corazón dio un vuelco de alegría al verla y ella sintió una felicidad igual de envolvente. Se enamoraron y al poco tiempo se casaron.

Cada día que pasaba descubrían que era como si se hubiesen conocido de toda una vida. “Poderoso” comprobaba que él tenía mucho de “Vulnerabilidad” y ella mucho también de “Poderoso”. Como era de esperar vino el tiempo de ver llegar a los hijos, que para alegría de ambos serían trillizos.

La primera en nacer fue una niña cuyos ojos relucían de tal manera que decidieron llamarla “Sol”. Ella de solo mirar a alguien podía hacerle sonreír, y a medida que fue creciendo se acentuó esa capacidad, porque hasta la cosa más fea “Sol” la miraba como lo más hermoso y único del universo, provocando que todo ser humano que la conoce descubre gracias a esa mirada llena de amor, lo mejor de sí.

El segundo retoño en asomar su carita a la vida fue un pequeñuelo que desde los primeros días de vida mostró ser de carácter fuerte, y sus extremidades bien robustas lo reforzaban. Acertadamente decidieron llamarle “Dar”, porque al crecer su sello es siempre estar dispuesto a compartir todo con quien lo necesita. Liderando siempre cuanta actividad deportiva se le ocurre o ayudando a los vecinos en labores diversas, que requieren ñeque, su cuerpo crece sano y fuerte. El es concreto, de actuar rápido y sin límites cuando alguien está en apuros.

Y el último en completar la tríada fue un varón bien delgado, casi debilucho en sus formas físicas, pero el más inquieto de todos, movía brazos y piernas sin cansancio de un lugar a otro. A este le llamaron “Darte”. Al crecer ha demostrado poseer una agudeza intelectual única a la par de una voluntad sin límites para comprender y acoger a los demás. Aunque es un tanto silencioso, sus talentos son de un valor inestimable en toda la comarca porque siempre parece estar delante de todos, cuando evitó las inundaciones diseñando aquellos diques de canalización, cuando se encargó de fomentar y concretar la cooperativa que tanto bien ha traído o incluso cuando arriesgó su vida por salvar a una familia de un incendio.

“Sol”, “Dar” y “Darte” poseen una férrea unidad y no pueden vivir el uno sin el otro. Así los Formaron “Poderoso” y “Vulnerabilidad”. Por ello, el que todas nuestras familias tuvieren  mucho de ésta ese el mejor anhelo que podamos imaginar.

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